Madre de un niño sordo

El día 1 de Octubre es el día Internacional de la Persona Sorda (discapacidad auditiva). Hace un año que esta pastoral empezó en esta diócesis de Sigüenza – Guadalajara. Me gustaría compartir con vosotros la experiencia de este año mediante la carta de una madre de familia que tiene un hijo sordo. Nos habla en ella de la importancia que tuvo el acercar la Persona de Jesús a su niño y transmite palabras de agradecimiento a este servicio pastoral.

CARTA DE AGRADECIMIENTO DE UNA MADRE POR EL DON DE SU HIJO

Si tuviera que contar todos los borradores para escribir todo lo que he sentido todos estos años y la lucha del día a día, no habría suficiente papel en el mundo entero.

Cuando tú entraste en mi vida quería que fueses inteligente, revoltoso, un niño con desarrollo normal y que llegases lejos en tu vida, lo quería todo…

Pero cuando entraste en mi vida tuve momentos muy difíciles y con ganas de abandonarlo todo muchas veces. Pero una fuerza superior se apoderaba de mi ser y cada día que venía nuevo sentía ganas de seguir luchando y no abandonar y seguir avanzando. Muchas dificultades hasta llegar donde hemos llegado. Yo quería para ti mí educación cristiana y que recibieras la Primera Comunión y nos pusimos manos a la obra.

Encontramos a Don Jesús párroco de la iglesia de San Antonio de Padua de Guadalajara y a Odete, tu catequista, que no tengo palabras de agradecimiento suficiente por haber realizado este milagro. Gracias a ellos se metieron en tu mundo y te transmitieron la Palabra de Dios y que Jesús era tu amigo especial (como tú eres especial). Ellos lo hicieron con amor, te enseñaron a orar con las manos. Fueron momentos difíciles pero, ¿cuándo las cosas de Dios han sido fáciles?

Cada reto nos ha hecho mejores personas más conscientes, nos ha enseñado a valorar mucho más este apostolado. Cada sesión de catequesis y cada misa era un hermoso aprendizaje. Muchas veces me preguntaba de dónde sacaba Don Jesús y Odete la fuerza para continuar… Después me di cuenta de ello… De Cristo.

El Señor da la gracia, la fuerza, la ternura y la paciencia para anunciar el evangelio entre los niños.

Quiero agradecer esta gran labor llevada a cabo con mi hijo, nuestras manos se convirtieron en la voz de Dios y él las hizo instrumento de su Palabra.

Por eso y por todo ello quiero dar las gracias a todos.

GRACIAS POR ESTAR AHÍ PARA NOSOTROS; ¡GRACIAS!

Un abrazo de una madre de un niño sordo.