Día Internacional de la Discapacidad

La Pastoral del Sordo, la Pastoral del Ciego CECO, Fe y Luz SIN BARRERAS y la Comunidad JUAN XXIII celebramos el Día Internacional de la Discapacidad en la Parroquia San Antonio de Padua de Guadalajara el domingo 4 de diciembre.

La Eucaristía fue el inicio de nuestra celebración, el centro en nuestra vida de fe, para continuar anunciando quiénes somos y qué hacemos, y terminar con comida compartida y fiesta.

Fue un bonito día en el que celebramos también nuestras capacidades, ya que en lo más importante no tenemos ninguna discapacidad, que es en el AMOR. Me gustaría que el mensaje del amor lo tuviésemos grabado en nuestro corazón para que cayesen todas las barreras en torno a las personas vulnerables y necesitadas.

Coincidiendo este día con el II Domingo de Adviento, la Palabra nos invitaba a la conversión; si de verdad seguimos esta enseñanza y la aplicamos en nuestra vida, puede ser una realidad, este amor a todos sin excepción.

El Papa Francisco, con motivo del Año Jubilar de la Misericordia, dice “la persona enferma y discapacitada, precisamente a partir de su fragilidad, de su límite, puede convertirse en testigo del encuentro para construir relaciones fraternas y solidarias en la Iglesia y la sociedad”. 

Este día me hace reflexionar bastante sobre cada uno de nosotros y las capacidades que nos acompañan, porque como personas estamos llamados a dar lo mejor de nosotros mismos. Dios nos quiere como somos, y lo único que nos pide es amar a los hermanos como Él nos ama, porque en el amor no hay limitaciones de ninguna clase.

En nuestras comunidades crecemos en la fe y hacemos cosas juntos, creando a la vez fuertes lazos de amistad para caminar unidos hacia el encuentro con el Señor, aunque ya lo sentimos cerca porque se encuentra entre los más vulnerables e indefensos. Nuestras dificultades compartidas son menores, y crecemos en alegría y entusiasmo compartiendo entre nosotros, y con las puertas abiertas a toda persona que desee acercarse y conocernos para, igualmente, caminar en comunión compartiendo los dones recibidos que nos acompañan.

Esther Pérez

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